Opinión: Paz al proceso

15/Feb/2011

Iton Gadol, Shalom Yerushalmi

Opinión: Paz al proceso

CRISIS POLITICAS EN EL MUNDO ARABE 14.02.2011 Shalom Yerushalmi
Fuente: Maariv
Itongadol/AJN.- Los acontecimientos en Egipto han vuelto mucho más cauteloso al primer ministro Netanyahu. O sea: las negociaciones políticas entraron en un profundo congelamiento.
Benjamín Netanyahu mira hoy Egipto y ve Turquía A y Turquía B. La primera es la Turquía de la revolución de Ataturk y sus continuadores, que llevaron una vida relativamente moderna y un liberalismo que dejaron de lado al islam. La segunda lugar Turquía es la de Tayyip Erdogan y el gobernante partido islamista. La primera siempre cultivó las relaciones con Israel. La segunda fue arrastrada a un estado de relaciones difícil, pero no rompió completamente los platos. Israel estaba dispuesto a firmar hoy un modelo egipcio como éstos, tres días después de la renuncia del presidente Mubarak.
Hay también una Turquía C, a la cual aún no hemos llegado, y es -de hecho- Irán. Lo que comenzó en Teherán como una revolución de intelectuales, jóvenes y clase media que se oponían al sha de Persia, Reza Pahlevi, se transformó rápidamente en un gobierno islámico radical que aterrorizó a todo su entorno.
En los últimos días, Netanyahu mencionó muchas veces el nombre Shapour Bakhtiyar, el primer jefe de gobierno (iraní) después de la revuelta y antes de que el ayatollah Khomeini y sus compinches se hiciera cargo de la revolución. Ese escenario, tememos, también pueden darse en Egipto si los Hermanos Musulmanes formaran parte del gobierno o, Dios no lo permita, lo tomaran.
En esta situación, creen altos funcionarios, el primer país que caería en manos de los extremistas sería precisamente Jordania. El gobierno hachemita no resistiría frente a elementos radicalizados alentados por el precedente egipcio. En esa nueva realidad, Israel se encontraría ante un gran frente oriental, desde Pakistán hasta Jordania, sobre el cual Netanyahu advirtió hace mucho tiempo, pero todos se rieron de él. El resultado inmediato sería un congelamiento aún mayor del proceso de paz, sin vínculo alguno con la anunciada dimisión de Saeb Erekat, el titular del equipo negociador palestino. En otras palabras, ingresaríamos al congelador por mucho tiempo.
¿Acaso Obama nos abandonará también?
Netanyahu, si entendí bien, rechaza con desprecio, e incluso a los gritos, a quien lo insta a acelerar el proceso político para sacar rápidamente a los palestinos del círculo de hostilidad que se fortalece alrededor. El Netanyahu posterior a la revolución en Egipto es un Netanyahu mucho más cuidadoso y crítico. Cada centímetro de Judea y Samaria previsto para evacuar estará desde ahora bajo la lupa. El Valle del Jordán se examinará palmo a palmo. A la luz de los recientes acontecimientos, la línea de defensa del (río) Jordán y las comunidades del valle, a la cual (el ex primer ministro israelí) Ehud Olmert acordó renunciar, es tan importante para Netanyahu como Jerusalem.
También aumenta nuestra prevención una decepción por el comportamiento del presidente Obama y del gobierno de Estados Unidos. En las últimas dos semanas, Netanyahu y su gente se rompían la cabeza para entender qué llevaba a Obama a desentenderse de Mubarak tan rápidamente.
La explicación común es que unos Estados Unidos democráticos no pueden oponerse a una insurrección popular, siempre y cuando no se dirija contra ellos. En el momento en que los manifestantes de la plaza Tahrir levantaron carteles reclamando libertad -por lo general, en inglés- y no usaron la violencia, los estadounidenses se alinearon junto a ellos. Dicho sea de paso, nuestra élite política tiene la imagen de los países europeos como un “barco de idiotas” en relación con la revolución en Egipto.
¿Acaso Obama también nos abandonará algún día? Ésta es la pregunta que surca el aire en la Oficina del Primer Ministro y otros lugares. La respuesta inequívoca: Obama no podría, aun si lo quisiera. La Unión apoya a Israel y, en tiempos de emergencia para nosotros, Obama no podría enfrentarse al pueblo y la sociedad estadounidenses, ni al Congreso y el Senado. Y ni hablar del lobby judío. Lo que sí, Obama nos agregó más kilos de dudas y sospechas a su respecto. El proceso de paz, que Obama tanto quiere promover, retrocede muy amablemente. Israel siente, tras el antecedente egipcio, que no hay en quién confiar en ese gobierno. Ni en momentos de crisis, ni en tiempos de paz.